Por más que apriete el frío y las calles se congelen, su alma seguirá intacta, pues el duro alabastro es el que mina su interior, el que recubre su corazón.
Almas difíciles, complicadas de acoger cuyo interior te pide a gritos no te vayas, sin ti no se que hacer, con señales ilegibles imposibles de ver.
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